martes, 28 de abril de 2009

El quejido del viento.


El quejido del viento, al que nadie entiende, rondaba la ventana. Contaba de hondos penares. Atravesaba grandes espacios con una carga enorme de sentimiento. Insistente rugía, esperando un pequeño consuelo, un asentimiento de cabeza, o una señal que hiciera denotar comprensión, empatía. Su partida, ha dado paso al sol, que avanza en la estancia. El tono ha cambiado…

Ha quedado en mis ojos la señal del aire. Indeleble marca en la mirada, un sueño naciente que la aclara, y a la vez la vuelve lejana.

Se agita el corazón cuando hace silencio, y en la vacía estancia, la espera da fuego al alma, la altera, e incita a volar en busca de los esperados pasos, que poco a poco se acercan. Ha llegado la noche, y sobre la almohada, desfilan los anhelos guardando aquel castillo de sueños.

Sakkarah



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