domingo, 26 de abril de 2009

Mientras...


Autor imagen: Jean-Honoré Fragonard

Mientras se columpiaba, miraba la vida desde arriba. Le resultaba curioso el movimiento, el bullicio, y las expresiones de las diminutas figuras. Su balanceo se iba haciendo desproporcionado, y no todo fue perfecto entre la brisa, pues una de las cuerdas de oro de soltó, dejándola caer hacia la luminaria de edificios que guardaba la noche.

Al despertar, se dio cuenta que había perdido la memoria. Ya no recordaba los infinitos cielos del paraíso, ni el columpio donde mecía su extraña felicidad. Ahora estaba en una cama, algo totalmente desconocido para ella, en una habitación que parecía cortar el aire. Tenía sensación de ahogo, y temblaba su cuerpo al encontrarse en una situación desconocida, con personajes que nunca había visto.

Al levantarse, vio su figura en el espejo; era igual que los diminutos seres a los que ojeaba desde su altura. Quizá es que nunca antes encontró un lugar que le devolviera su imagen, de manera tan nítida. Se sentía asustada porque se daba cuenta que no había posibilidad de retorno. El caso es que no sabía vivir, que no sabía que es lo que tendría que hacer en adelante, ni cómo se debería comportar.

Iba acumulando la mayor información posible, y aunque sólo habían pasado unos pocos días, se daba cuenta que había demasiada dificultad en esa existencia. Notaba el cansancio, una sensación nueva, que no tenía codificada en su memoria. Todo le era novedoso, y costoso, y sólo mirar el tapiz estrellado del cielo hacía que sintiera un ápice de confianza; como si de allí pendieran los hilos de su existencia.

Conoció la palabra, y la amó. Hizo de ella el estandarte de su vida. Sabía que los vocablos conseguirían llevarla allí donde pertenecía. Encontraría las claves que la transportaran al olvidado mundo de la imaginación.

Sakkarah



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