sábado, 25 de abril de 2009

No tiene...


No tiene muchos habitantes el pueblo, y es muy tranquilo. A Lidia la gusta estar allí. Es un valle ente montañas, y tiene zonas que parecen vergeles, de donde manan fuentes aún cristalinas. Las hierbas se apoderan de la entrada a la casa cuando pasa un tiempo sin habitar. Un pensamiento crece rebelde entre las piedras del suelo. Ya dejaron de existir las cuadras, pero la casa aún conserva su solera como casa rural de campesinos.

En el corral descansa, en un chamizo, una vieja cocina de pueblo, con su chimenea. Dentro la cocina de leña, hace que los guisos nos trasladen a aquellos tiempos en que las cosas cobraban muy distinta importancia que hoy.

Hay días en que Lidia vive en ella en soledad, sólo su perro la acompaña, y fiel, no se separa de sus pies vaya donde vaya. Él cuida de ella, y la avisa si alguien osa acercarse a ese paraje. En esos momentos los dos se ponen en guardia, pues es algo miedosa. Su imaginación galopa yéndose a peligros desconocidos, sin que la razón la pueda alcanzar.

Es un lugar para ser feliz, donde el tiempo deja de contar, donde los días pierden su nombre, y las horas las da el sol. Allí permanece la libertad de poder ser uno mismo sin depender de nada más. La perspectiva de las cosas cambia, y aflora lo realmente importante, lo bello.

La puerta descansa esperando llenar las alcobas de vida. Muy pronto, Lidia irá a despojarse de todo lo que no aporta nada, de lo que aparta de la verdad, de la paz que ya empieza a respirarla en el recuerdo.

Sakkarah


Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...