domingo, 10 de mayo de 2009

Dejar fluir...


Dejar fluir las letras de manera incontrolable. Dejar que la mano guíe el balbuceo arcano del pensamiento.

Ciegos de amor los dos nos perdimos hasta el desencuentro, se eclipsó la luz, pero el deseo está latente.

Al asomarme a este precipicio, a ti me sujeto. Sé que no caeré mientras me sostengas. Dejo salir de mi todo pensamiento que me devora. Nací perdida en ti, en ti me encuentro.

Desandaré lo andado hasta tirar de ti. Esta llama aún viva me impele a seguir, y la araña que teje la tela del tedio, huye veloz. El carro de los años dejó huellas de sus ruedas en esta vereda que nos conduce a amarnos.

Hoy no me importa desnudar mi alma entre este follaje de sentimiento; en este bosque hermoso que todo lo es, en el que todo vive.

Sakkarah


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