lunes, 25 de mayo de 2009

Nunca pude...


Nunca pude desaparecer cuando el alma deseaba asomarse tomando lo que traían. Muchas son las cosas que debería haber rechazado para hacer que retumbara mi nombre en el otro; para ser eco que crea incertidumbre en sus paredes interiores.

Aún así hay un pájaro que trina dentro, que me envuelve, y me serena. Soy paz cuando vuelves la espalda; soy deseo silencioso que se agarra a la piel no queriendo nacer.

He bajado una a una las estrellas para evitar mirarte, y un firmamento protege mis sueños yertos. Tu hálito de hielo alcanzó mi palabra, y se hace remolona para expresarse. Húmeda descansa sobre mis labios sellados.

Hoy reposa mi cabeza, soñando sobre los pétalos que se descuelgan de tus horas muertas.

Sakkarah


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