lunes, 11 de mayo de 2009

Pelar la pava

Autor imagen: Picasso


Hacer la corte, pasear la calle, pelar la pava, acaramelarse, comerse con los ojos, arrastrar el ala... son algunas de las frases con que solemos referirnos a los asuntos que tienen lugar entre los enamorados. Nuestra lengua está llena de frases así, de forma que hasta el hablante más prosaico se sirve a menudo del lenguaje figurado de la poesía para expresarse. Perder la cabeza, es ofuscarse; y beber las palabras, escuchar con atención. Detengámonos en una de ellas: “Pelar la pava”. Según Nestor Luján, su origen es una graciosa anécdota andaluza. Una madre manda a su hija a desplumar una pava, y ella se pone hacerlo en el balcón por donde en esos instantes pasa su enamorado. Ambos se ponen a hablar, y como tarda en volver, la madre la grita desde dentro cada poco: “Niña, ¿qué haces?” A lo que ella contesta: “Espera madre, que estoy pelando la pava”. ¿Habría dado lo mismo que la chica limpiara lentejas? Sí y no, ya que, a la tarea que no se acaba, se añade en este caso la picardía del cuerpo que se tiene que desnudar. Desnudarse con los ojos, ¿no es eso lo que hacen los enamorados cuando están juntos? Su luz es entonces la de las frutas lavadas, la de la harina recién molida, la de las aves que desplumadas y limpias aguardan la hora de los cocineros.

Gustavo Martín Garzo

http://www.clubcultura.com/



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