martes, 5 de mayo de 2009

Te fuiste...


Te fuiste a batallar por otros lares, y presa quedé en la pared, una pieza más de tus cacerías. Un pequeño trofeo, que perdía su importancia entre otras mil cabezas.

Y en habitación compartida yo aprendí. Prendida con gruesos clavos me resultaba inútil zafarme; pero era constante, mirando el haz de luz que posiblemente me llevaría al olvido.

Caí, rodé, y al no salir a mi encuentro, al fin olvidé. Nuevos prados extensos albergan mi mirada. Se difumina el horizonte para no atar la visión libre que me ofrece. No hay nada que me oprima, y la hierba acaricia de nuevo mi piel.

Sakkarah



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