domingo, 7 de junio de 2009

El ahogado.


No hay nada como la placidez del sueño. Uno duerme a pierna suelta cuando todo lo tiene atado y bien atado. La vida es simple, hay que saber vivirla. Yo no entiendo a esa gente que tiene tantísimos problemas, con la facilidad con que se pueden solucionar...A esta edad, ya nadie me puede enseñar nada. Hay que acomodarse en el asiento de lo incierto, coger el volante, como si de un coche se tratara, e ir sorteando las acechanzas de la contrariedad.

Me iré a la playa a caminar por la arena y, si no está muy fría el agua, me daré un baño. Esta soledad no puede acabar aburriéndome.

Algo raro se respira en el ambiente, será la vecina que hoy cambió de guiso. Uhmmm, cualquier día me sorprende con una mariscada, hoy huele a algo extraño, y su aroma me hace presagiar aventuras. Si no fuera por este oído, sería todo perfecto.Un día de estos tendré que ir a revisármelo, tengo una molestia que no para. Yo diría que es un llanto amargo que me taladra, esta soledad es muy dada a la fantasía.

Echaré la llave por si me entretengo, nunca se sabe.

Se diría que el mar hoy se presenta como navajas de hielo. ¡Uf!, me sumergiré, pues parece que las aguas están limpias. Cada vez tengo menos ganas de hacerlo, pues las ensucian con todas las basuras que tiran. Da asco cuando se te enredan en las manos o las piernas.

¿Qué es eso? No, es mi cabeza, puede ser que haya desayunado mucho y eso me esté alterando. Esos ojos se van a salir de las órbitas, son terribles, y me recuerdan otros; pero es imposible. ¡Caray, que vuelco me ha dado el estómago! No puede ser esa risa...¡Para!, ¡Para de una vez, so ramera! No pienses que vas a amedrentarme, las cenizas no se transforman, sólo son eso, un puñado gris que se deshace entre los dedos. ¡Nada, no eres nada!. Y tú, tú sólo eres un recuerdo que la acompaña. Esa boca retorcida, como lo fue siempre tu cabeza, no la olvidaría facilmente. Al final tuviste que buscarla para poder seguir juntas, pero ni tus malas artes pueden devolveros la vida. Sois dos perras que querías dominarme, y hacer de mi un hámster enjaulado, pero no os sirvió de nada.

¡Uy!, este oído me duele, y de nuevo está el llanto de estas vacas marinas. Os mataría una y otra vez si fuera necesario, pero yo no creo en fantasmas a esta edad. Sé que estáis muertas y bien muertas. Por más grande que te hagas no podrás someterme, ya la tienes a ella contigo como deseabas. Siempre fuiste una sombra en mi matrimonio, quizá tu hija hubiera sido otra sin tu influencia; pero eres una vieja harpía y jamás me pudiste ver. No me fue difícil hacer que dejaras de ser un problema. Pensé que contigo bastaría, pero no fue así; con razón dicen que de tal palo, tal astilla.

¡Cómo se ondula el agua! parecen sogas que aprisionan. Si no me hubiera zambullido tantas veces, pensaría que no me llega oxígeno al cerebro; y tú, con esos ojos que parecen desparramarse y salir fuera de sus cuencas, intentas intimidarme; pero bien sabes que nada pudiste conseguir de mí por ese camino. Nunca debiste indagar sobre la forma de morir de tu madre, pues tú misma deberías haber adivinado que eso te perdería. Sólo eres producto de una mala digestión, pues serías incapaz de subsistir en el agua. Se han agudizado tus uñas, lo propio de brujas de tu calaña. ¡Ni se te ocurra seguir acercándote!

¡Mala pécora! Perforarme el tobillo no hará que no suba al aire. Este dolor lo pagarás aún después de muerta.

¡Dios mío! Llegué a pesar que no subiría, pero no son posibles las apariciones, nadie volvió a contarnos su situación en el averno. No, no es posible.

La arena quema, todo está borroso, el calor hace que se difuminen las caras de la gente. ¿Por qué se congregan aquí tan cerca? Es como si todos quisieran acercarse a tocarme. Demasiadas personas...Ellos son los causantes de este inmenso vacío en la tierra, de este abismo que me absorbe. No hay problema, sé que tan solo debo cerrar los ojos. El llanto amargo se hace escuchar hoy como un chiflo intermitente. Lejano, muy lejano...

Sakkarah



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