lunes, 20 de julio de 2009

Adrián González.


Adrián González andaba melancólico, y nadie entendía sus razones. Sabía su lugar, habia que cruzar una pequeña montaña hasta llegar a el; pero ya estaba cansado, y le dolían los pies, pues cuando llegaba, se encontraba con el ocupado, tenía que andar varios kilómetros has poder ubicarse.

A otros amigos se les daba siempre prioridad, y él era quien tenía que amoldarse a todo. Bien es cierto, que siempre encontraba un lugar donde dormir; pero resultaba incómodo tener que estar expectante para ver si alguien lo había ocupado, y por ende tenía que coger los enseres para el traslado.

El amo del lugar, le decía que andaba contento con su trabajo, que confiaba en él; pero él veía que siempre tenía que trasladarse, que no tenía que salvar una pequeña montaña para poder dormir, sino que siempre dependía de las necesidades de otros trabajadores; pues estos eran escuchados antes que él, y se valoraba más su trabajo.

Llegaba a pensar que no era útil, y detestaba la injusticia. Tampoco entendía que no se le dijeran las cosas claras. Prefería que le dijeran: "Fulanito está más cualificado, y te tendrás que poner un lugar después" Pero no querían abatirle, y las mentiras piadosas daban peor resultado, ya que andaba tocando fondo.

Una mañana, decidió que se iría tras la última montaña, seguro que de allí nadie le movería, a no ser que le expulsaran de su trabajo definitivamente. No quería que se tuvieran que andar buscando disculpas para su traslado, y sus pies andarían más ligeros sabiendo que nadie le destituía, que ocupaba ese lugar por voluntad propia. Él, aunque pobre, también tenía su orgullo.

Sakkarah




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