miércoles, 1 de julio de 2009

Madrigal triste.


¿Que me importa que seas sabia?
¡Sé bella y sé triste! Los lloros
añaden un encanto al rostro,
como el río al paisaje;
la lluvia rejuvenece a las flores.

Te amo sobre todo cuando la alegría
de tu frente abatida huye;
cuando tu corazón en el horror se ahoga;
cuando sobre tu presente se despliega
la horrible nube del pasado.

Te amo cuando tus grandes ojos vierten
un agua cálida como la sangre;
cuando, a pesar de que mi mano te acune,
tu angustia, demasiado densa, perfora
como un estertor de moribundo

Aspiro, deleite divino,
himno profundo, delicioso,
todos los gemidos de tu pecho,
y creo que tu corazón se ilumina
con las perlas vertidas de tus ojos.

Charles Baudelaire




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