sábado, 18 de julio de 2009

El hombre al que amaban los árboles.


Verá, las fuerzas del Bien siempre aspiran a unir; las del Mal a separar. Por eso, finalmente, el Bien suele imponerse...siempre. A la larga, la acumulación de fuerzas lo hace invencible. El Mal tiende a la separación, a la disolución, a la muerte. El carácter gregario de los árboles, ese instinto que les lleva a agruparse, es u símbolo de vida. Los árboles en grupo son benignos, aislados - al menos por lo general- son... digamos peligrosos. Fíjese en la araucaria, o mejor aún, en el acebo. Fíjese en él, obsèrvelo atentamente y trate de comprenderlo. ¿Ha visto alguna vez una encarnación más evidente del pensamiento maligno? Son perversos. Hermosos también, ¡desde luego! A menudo el Mal posee una extraña y equívoca belleza...

Algernon Blackwood



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