domingo, 2 de agosto de 2009

En tres zancadas.


En tres zancadas subía al cielo. Desde allí miraba las cosas de manera serena. Los grandes problemas se hacían diminutos; todo iba perdiendo importancia.

En azules se arropa quitando el frío de las duras palabras, y de los sentimientos descarnados de amor. Allí estaba ausente a la mirada crítica. Era veleta sin norte, en loca carrera con el viento.

Dulce, apartada de las tramas del mal, sentada en los sueños. Desde allí
podía ver con nitidez la tela de araña que se cernía sobre su amor. Quieta, no iba a tratar de impedir nada. No era nadie, sólo un cuerpo olvidado entre azur. No bajaría los escalones

Allí no se hace la noche en su corazón, ni extraña la caricia perdida. La atmósfera la mece apartando el dolor. Todos la amarán inalcanzable, mientras en las alas del ave se confunde y se pierde.

Sakkarah




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