lunes, 24 de agosto de 2009

Sombras


Las sombras ocupan una parte de nuestros miedos desde que somos niños y a muchas personas este miedo o temor no las abandona, incluso en su edad adulta. Esta creencia o temor ancestral viene de tiempos muy remotos, pues tanto la presencia como la ausencia de sombras se relacionan con diferentes ritos y creencias, da lo mismo sean paganas o religiosas.

Dado que muchas interpretaciones afirmaban que el alma podía abandonar el cuerpo y marchar hacia la otra vida, y que el alma estaba conectada a las sombras, muchos temían que un ser extraño, como un vampiro o un fantasma, se adueñara de la sombra (y por tanto, del alma). Esto podía producirse de una manera singular, como por ejemplo clavando una estaca allá donde la sombra se proyectara.

Antiguamente, la gente crédula buscaba, en las sombras que proyectaban los troncos que ardían en la chimenea, la imagen de una silueta humana sin cabeza. Esto significaba que la persona que proyectara dicha silueta moriría antes de la próxima víspera de Navidad.

Las interpretaciones más antiguas del cuerpo y el alma afirmaban que la segunda podía, bajo determinadas circunstancias, abandonar la envoltura carnal y alejarse de camino hacia la otra vida. Para las culturas más primitivas, el alma estaba conectada a las sombras, cuando no eran la misma cosa. Una de las circunstancias en las que la persona podía perder el alma sucedía, como ya hemos comentado antes, cuando un vampiro se acercaba por detrás y clavaba la sombra de la víctima en la pared. De este modo, el ente maligno tomaba posesión del cuerpo.

A la sombra de los difuntos también había que protegerla de posibles infortunios. En la Europa medieval existía la creencia de que, si una persona moría por la noche y su espíritu —o lo que es lo mismo, su sombra— se alejaba, podía correr peligro de que cruzara por una extensión de agua -un río, un lago-, ésta se convirtiera en una especie de muro o barrera y por tanto, no pudiera llegar a la otra vida. En este caso, la sombra volvía al cuerpo de su dueño y se convertía en un muerto ambulante, una variedad de vampiro. De ahí nació la costumbre en algunos pueblos centroeuropeos de tapar los barriles que contienen agua de lluvia, y de alguna manera esta creencia explica también la necesidad de ciertas culturas de construir puentes sobre cualquier curso de agua.

Dice una leyenda africana que los integrantes de ciertas tribus evitan atravesar un espacio abierto al mediodía por temor a perder su sombra, es decir, a verse sin ella. Su conocimiento del hecho de que las sombras se acortan al mediodía no implica una comprensión de la situación física. Si se les preguntara porqué no experimentan el mismo temor cuando la oscuridad de la noche hace invisibles las sombras, quizás respondan que en la oscuridad no existe ese peligro porque de noche todas las sombras reposan en la sombra del gran dios y toman nuevo poder. Tras la “recarga” nocturna, vuelven a aparecer fuertes y grandes por la mañana; es decir, creen que la luz del día se come la sombra en lugar de crearla.

Profesor de Santantoni

http://eltemplodelaluzinterior.wordpress.com/




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