jueves, 24 de septiembre de 2009

Siempre...


Siempre creyó que sus últimos pensamientos iban a ser inefables y hermosos, pero nada sucede según tenemos pensado.

Las paredes se iban acercando poco a poco, y el sólo hecho de verlas, le daba sensación de falta de aire, aun cuando de momento tenía suficiente. Una opresión empezó a agarrotar su pecho al ver que no había puerta de salida, que estaba sellada. El pensamiento sólo lo ocupaba una alarma que la llenaba de pavor. No había salida.

Ya sólo quedaba un pasillo estrecho que rozaba su piel, y lentamente seguía su ritmo de acercamiento. El terror obnubilaba su mente, y la opresión que la atenazaba se adueñaba de todos sus músculos. Pronto empezó a sentir un dolor intenso, tan intenso que la iba dejando inconsciente el alto sufrimiento. Llegó el momento del descanso, del desvanecimiento.

De nada le sirvió planear sus últimos pensamientos, el espanto y el dolor llegaron a ocuparlo todo. No los hubo. El horror se había hecho cómplice de la muerte, habiendo adquirido sus altas dosis de protagonismo para seguir acampando entre los mortales.

Sakkarah


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