sábado, 19 de septiembre de 2009

Tenemos la costumbre...


Tenemos la costumbre de criticar lo que no es esencial a nosotros.

Hay personas para las que la fama es esencial, son felices con ello, pues…que lo sean, ¿no? Lo lógico es que encaminen todas sus acciones hacia ello.

Si lo esencial en ellas es el sexo, otro tanto de lo mismo. Son felices así, que lo sean.

Otros son seres muy enraizados en la sociedad, en la política. Muy comprometidos con ello. Lógico es que debatan sobre ello.

Los románticos, a lo suyo, al amor.

Y como siempre me hago una pregunta: Si a un ser lo que más esencial le es, es la fama, ¿por qué meterse con los románticos, o los que gustan de la sexualidad?

Si le va el romanticismo, ¿Por qué preocuparse de la fama del otro, o de los debates políticos del de más allá? Entiendo que todos aspiramos a participar de todas estas cosas en nuestra vida; pero también entiendo que siempre damos prioridad a lo que llevamos como esencia. Por eso no es comprensible tener que estar dando caña al que sigue derroteros diferentes.

Como siempre, la máxima de: “Vive y deja vivir”

Sakkarah




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