lunes, 19 de octubre de 2009

Caperucita


Ahí está en su cubículo metido, un tanto impaciente en su personalidad arrolladora. No puede verme, pero juega a imaginarme. Es fácil conocer por donde atacarme, y a ello juega con sus zarpazos cortos y cariñosos.

En nuestra soledad buscada nos relacionamos. A él le reafirma en su monte, a mi me mata. Soy como la oveja perdida en su espacio, donde es rey, y no hay pastor que se atreva a acercarse. Nadie conoce la nobleza del lobo.
Nunca daña a las caperucitas que ven sus fauces. Se acerca y se aísla ante el peligro. Educado, pide permiso para comerse una oveja, no traiciona ni miente, no lo necesita. En sus manjares está lo mejor de cada rebaño.

Una caperucita cansada ante un lobo de vuelta. Un escenario absurdo en un mundo de feroz lealtad.


Sakkarah



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