domingo, 11 de octubre de 2009

En la colina...


En la colina distante, las nubes se hacen ojos. Negros como la amargura no descansan; son vigías en el aire que protegen la colina de otros pasos. Ojos que no han calado como lluvia en ella, y son amargados algodones adyacentes.

Tiene un escudo de piedra que no se tambalea, y unas alpargatas rotas quedan al pie, acostumbradas a los valles.

Los espíritus danzan haciendo la noche. Se ciernen como oscuridad, opacando la luz. Hay un río navegable para huir, pero la atalaya del pensamiento se mantiene firme.

En la angostura cercana se mantiene la hierba verde, y hay pestañas que velan los sueños, y amparan una dosis de humedad en el iris.

Sakkarah


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