viernes, 2 de octubre de 2009

Entre...


Entre las mal colocadas, y deformes losas, nació un jardín salvaje de Pensamientos enanos. La belleza siempre sorprende en los sitios más inesperados.

No hay árboles, pero los gorriones acuden siempre a pasearse. Las aves inundan el lugar, cada amanecer, con sus trinos. Aquí los días de verano van muriendo entre las nubes.

Un alambre, retorcido y fuerte, lo atraviesa. Unas manos rudas, ausentes de filigranas, lo pusieron. Sólo debía cumplir una función, y no era precisamente la de la estética. Hoy, todavía se llena de intensos colores que se sujetan a el, como si se tratara de mariposas prendidas de las hojas en los setos.

Aquí no llega el sonido del río, pero lo suple una manguera, que lo baña en tiempos que no hay restricciones. Un calabozo subterráneo se adivina. Allí van directas las aguas a suicidarse, o a excavar recovecos para encontrar la libertad de nuevo. A veces, el viento trae los papeles que acuden curiosos a sus rejas a asomarse.

Al fondo, la verja, que no cumple sus mínimas funciones, pero ocupa su espacio. Pequeña, y siempre abierta, dejando paso al perro en sus carreras desenfrenadas para dejar oír sus ladridos, o dejar ver a los vecinos, que aún conserva una buena dentadura.

Un lugar para pasar cortos ratos que se van robando a la vida. No es bello, pero en estos momentos forma parte de mi paisaje.

Sakkarah



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