miércoles, 25 de noviembre de 2009



Mirarse en los ojos del amor, es recibir el mejor reflejo de uno mismo. Ellos traspasan toda imperfección, y bucean sacando el tesoro que quedó atrapado en el naufragio de la vida. Es donde uno se siente grande aun sin méritos.

Esa mirada te devuelve lo que desearías ser. Allí estás, con tus mejores trajes, tus delicados gestos. Es un resorte que te impele a superarte. Cuando queda mudo el tacto, sientes como tu piel se eriza presa de una caricia imaginaria, pero tan real...

Los ojos fijos, perdidos es esa quimera, donde el tiempo se hace silencioso omitiendo su tic-tac , y toma la forma de sombra salpicada de soles que habla de eternidad.

Sakkarah




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