sábado, 13 de febrero de 2010

Al entrar...


Al entrar en la estancia, quedé maravillada ante lo que veía. Todo estaba cargado de riqueza.

Todos me ignoraban, pero ello no importaba, admiraba el arte. De la obra, pasé a intentar comprender a los artistas. Geniales personas capaces de crear. Lógicamente serían cofres llenos de sensibilidad.

A pesar de ser un personajillo sin importancia, no me amedranté para acercarme a uno de ellos. Ya puestos a elegir, me fijé en el más importante. Con la imaginación le revestí de todas las virtudes que podía recopilar en mi pensamiento.

Nació en mi un sentimiento de ternura como agradecimiento a la sencillez del artista.

Poco tiempo después de salir de aquella galería, se apoderó de mi el sueño; no me quedó más remedio que dejarme guiar por la caricia de Morfeo.
Oníricas escenas se apoderaron de mi mente. En ellas veía al gran artista, me acercaba a él despacio, con mucho cuidado. La curiosidad me tomó de la mano arrastrándome hacia su interior, y, como cirujano me dispuse a tal operación.

Las gotas de sudor perlaban mi frente, no era capaz de asimilar lo que mis ojos veían. Al seccionar su tórax, no encontré vísceras. Con rapidez llamé al psicólogo que habita en mi, para ver si encontraba los sentimientos. No estaba equivocada, era muy claro lo que mi vista percibía. El color amarillento, su olor...¡No había duda! El interior lo ocupaba un gran queso gruyere.

La palidez se apoderaba de mi piel, la sangre huía de mi. Al mirarme las manos, me di cuenta de que adquirían un color grisáceo; pero eso no fue lo peor. Sentía un peso a mi espalda, nunca había sentido una cosa igual. Eché mi mano, ya gris, atrás, para palparme, y....agarré algo que parecía interminable. Sentí pánico, pero volví la cara para inspeccionar lo que pasaba. En ese mismo instante creo que debí desmayarme.

Al despertar del sueño, ya no había dudas. El gran artista me había convertido en ratón.

Sakkarah




Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...