sábado, 29 de mayo de 2010

El templo


Hoy respiraba un limpio aroma.
Resplandece este templo al amor.
La mirada se posa magnánima
Mientras repuja sus paredes de oro.
La pira arde alta y extensa
Ondeando sus reflejos luminosos.
Porcelana sus suelos
Bajo la pisada cálida de mis pies
En su extenso recorrido.
Sensuales esencias ambientan mi estancia.
Dos aves establecen el nido en un friso,
Donde se besan con su pico entreabierto.
Mi cintura ceñida de raso rojo.
Y una túnica vigilante desea
el holocausto apasionado.
Un velo cubre al amado en su estancia.
Dejando ver el brillo en su mirada.
En mi cuello el collar a la espera
De la huella de sus manos.
Húmedos, mis labios tiemblan.
Esperando su alivio.
La tardanza hace zozobrar
El palpitante pecho.
Su pausada voz rompe el silencio,
Y en melódica danza me alcanza su aliento.
Mi agitación ignora sus pasos,
Y unas alas fugitivas raptan mi alma.

Sakkarah




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