sábado, 5 de junio de 2010

Me adentro...


Me adentro en el abismo de la verdad, y sólo necesito fuerza. Nadie me la puede dar, ella tiene que emanar de mí misma. Pensar, reflexionar sobre el lugar en que nos encontramos, ubicarnos, y aplicar nuestra vida a vivir lo que nos toca.

No va la fuerza en la actividad, sino en la mente. En el sosiego de un instante que nos deje ver con claridad. Me he dado cuenta que no se puede ser cazador de recompensas, que en realidad no se necesitan, porque las cosas sólo tienen el sentido de reafirmarnos a nosotros mismos. Nada de lo que me den me pertenece, por lo tanto nada debo buscar.

La calidez o el frío dependen de mi misma, y es uno u el otro. Fría o cálida, no dejo de ser yo, y no puedo ser ambas cosas a la vez. Por eso hay un tiempo para cada cosa, para reír, o para llorar.


En la mirada del otro sólo puedo encontrar un reflejo de mi misma, pero no mi todo. Sé que la vida me acerca hacia la muerte, y esta no es más que un misterio. Tememos lo que no conocemos, pero no es necesariamente malo encaminarse hacia ella. Para morir se nos pide el requisito de haber sentido, y eso, en sí mismo, es un gran regalo.

Hay fuego en el corazón, y alas en su descanso.


Sakkarah


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