martes, 3 de agosto de 2010

Hora mala


En la hora mala, los asideros se alejan, la soledad nos hace isla, y el mar que nos rodea se hace intransitable. Solos ante la inmensidad del dolor, el que nadie acalla. El alma lacia, como hoja seca en un rimero del suelo, y el crujir de los pasos que aplastan haciendo añicos el espíritu. La vida como suela de bota gigante, que distraida y sin piedad nos reduce a nada.

Veneno líquido la palabra que hiere, o el acto. La serenidad se fuga ante el espejismo, porque nada nos puede dañar sin nosotros consentirlo; pero hay dardos que llevan los vocablos por los sombríos corredores de la mente hasta engañarla. Caen las endebles murallas que nos defienden Estamos abocados al vacío.

Lóbrego el paso en la desconfianza, espesa la sangre de la herida que no cierra. El dolor abarca el mayor espacio, y pocas veces deja un resquicio a la alegría.


Sakkarah



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