sábado, 14 de agosto de 2010

Piel


Al resbalar tu mano por mi piel,
la timidez no rompe la entrega enamorada.

El sol suele acudir a nuestro encuentro,
si no, el calor de nuestros cuerpos rompe el frío,
que se escapa perseguido del ambiente apasionado.

Sólo brisa sencilla soy, sin los adornos del viento.
Soplo queda y suave como una niña
ante la majestuosidad de los árboles.

Y allí, rodeada de cielo,
se me olvidan los límites de la vida;
y en el sonido de las hojas y la hierba,
se pierden mis suspiros

Cómo rocío en mi mano,
se perla tu calor en nuestro encuentro.

Sakkarah



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