martes, 7 de septiembre de 2010

No soy hábil


No soy hábil con los mecanismos que mueven el amor, pero sé elevarte cada noche al lugar de los luceros.

Emprendo un canto que me eleve, con el fino hilo de esperanza, su cometa.

Otros se pavoneaban de la suerte en el amor, mientras yo me sentía débil apoyándome en tu brazo sin fuerza.

Nunca perdí la sonrisa, a pesar de cada aciaga noche.

Se perder, y por tanto, consolar al perdedor.

Emprendo hasta el agotamiento que me permite el olvido.

Hay quien alardea de su victoria, pero al viento nadie le detiene.

A brazo partido me abrí paso hasta encontrar las ruinas.

No me hizo grande tu amor, pero mi lugar lo guardo firme.

Hoy me he renovado, puse el traje de los misterios, el de los encuentros.

No disfrutaré de nada, porque sé que siempre vendrán a arrebañar el plato.

Dejo que mi voz se oiga, es el pilar que me sujeta cuando desfallezco.

No olvidaré lo perdido, para no afianzar lo inseguro.

Se que me llegará todo lo que no se me dio, y espero.

Avanzo con cautela, para que nadie me despoje abiertamente.

Mi consuelo es que el amor es intermitente: amor, desamor, amor...

Hago camino hacia una claridad incierta, pero de fieros destellos.

Sakkarah




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