domingo, 23 de enero de 2011

Cuento

Autor imagen: Mel Gama


Cada vez que mentía, crecía la distancia. Si le he de poner un nombre, le llamaré lejano, aunque aún llega el eco trayéndome sus palabras líquidas muy cerca del oído. Él lo pasa bien cuando vuela alejándose, se siente un globo, y se hincha, e hincha, reventando de mentiras.

Cuando sobrevolaba el humo, giraba, y giraba, hasta embadurnarse; así se creía invisible a mis ojos, pero el hollín de sus palabras siempre era reconocible a mi mirada.

Tallaba las mentiras, les daba sinuosas formas, las envolvía en suntuosos papeles de regalo, y venía apurado a ofrecérmelas. Yo, en mis arrebatos las partía, haciendo que perdieran su sensual forma; y, de vez en cuando, les metía el hachazo de la verdad. Era entonces cuando él apretaba los puños, y daba media vuelta.

Montó un taller, donde las damas, acudían a gastar sus presupuestos. Era su vida, pero no se resistía a su costumbre de cerrar de tarde en tarde, para venir a mí. Le encantaba verme desatar los lazos hasta enfurecerme.

Sakkarah




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