domingo, 6 de marzo de 2011

Silencio


El silencio es de las cosas más complicadas sobre las cuales uno pueda discutir. Cuando se habla hay que procurar hacerlo sin necesidad de herir. Eso es lo primero que debería aprender a hacer la gente. Aunque no siempre cuando se habla y se hiere, se hace manera consciente. Eso es debido a que la gente no sabe escuchar y le es muy difícil salir de su discurso mental para empatizar con el sentimiento del otro. Y cuando hablamos de empatizar, lo que hacemos es hablar de sentimientos.

Debemos intentar conocer a quien hablamos, pero esto no siempre es posible porque si te fijas, poca gente se conoce bien a sí misma. Eso es lo que provoca que nos relacionemos diferente en una ambiente u otro, con unas personas u otras. Y más que de psicología, creo que es una cuestión de intuición aunque saber de psicología, no obstante, ayude a comprender. En el fondo de lo que estamos hablando es de empatía emocional en la comunicación y no tanto de empatía verbal.

Ser auténtico no es fácil y no lo es porque siempre tratamos de agradar y que nadie se enfade, como es mi caso. Otros son auténticos de otra manera, haciéndote dudar para que sentirse importantes o para que llegues a tus propias conclusiones. Este último tipo de gente, intenta hacerlo de manera consciente. Los primeros lo hacen para sentirse reconocidos. Y todos porque lo que necesitamos es amor. En este punto estaríamos de acuerdo. Una soledad sin amor, es una soledad triste y vacía, un pozo que resulta difícil de llenar.


Bien. Hemos llegado a la conclusión de que la autenticidad en la comunicación es complicada cuando nos movemos en el campo mental, el de las palabras. La irrealidad de la mente conduce a ese frío glacial que desprovee de toda emoción al sentimiento. Una dura conclusión a la que se llega después de girar la rueda infinitas vueltas. Esto es así, como duras son las piedras y enigmáticas las estrellas. ¿Existe algo más que mente que pueda ayudarnos a recuperar ese calor perdido? Pienso que sí.

Somos ruido constante en busca de emociones placenteras. ¿Eso es malo? No. Es sólo un pequeño inconveniente necesario para sentirnos vivos. ¿Provoca confusiones? Desde luego. Pero saberlo y saberlo de verdad es una ayuda para cualquier alma que continúe en su búsqueda de lo que es esencial y lo que no. Somos ruido que busca belleza en la existencia. Es un ruido que interfiere, pero alimenta y nutre al desarrollo de toda alma pensante y sintiente.

El sentido del sufrimiento se debe comprender y también sublimar cuando la fuerza interior se debilita. Y esto es deseable siempre que uno sea consciente del porqué está haciendo lo que está haciendo. Y te diré por qué. Porque también somos tierra, árbol y agua, humanos y profundamente imperfectos. También pequeños dioses que pueden manejar sus pensamientos y sentimientos aunque la mayoría no acaben de creérselo. Hay que experimentarlo. Cuando les dices esto, te responde que eres poco humilde y vanidoso. Ponerte a la altura de un superhombre es un delito para la gente (la que manda o que conocemos en la vida diaria) que quiere continuar manipulándolo todo a través de los sentimientos.

Los sentimientos son un arma de doble filo en las relaciones. Se da para recibir y si no recibes es que no te aman. Si no te aman es que no eres merecedor de cariño. Y si no eres merecedor de cariño, simplemente, no eres. A la mente glacial este asunto no le parece muy agradable, jajaja, así que reacciona de maneras muy particulares. No sirvo, no valgo, me importa un carajo, y tú que sabrás, soy mucho mejor que tú, etc, etc... La mente no desea la soledad, no la entiende. Más fría que un pescado, defiende su identidad con uñas y dientes. Otra veces se da, pero el que recibe no es merecedor de lo que se le da o no es un dar compartido y equitativo. Sin embargo, tarde o temprano, este último se cansa y decide que mejor dejar de dar, dárselo a otro, o bien a sí mismo.

Una cosa es cierta, la autenticidad de verdad en la relación siempre empieza por el sentimiento. Y lo que es necesario analizar es la mayor o menor pureza de los sentimientos que utilizamos a la hora de relacionarnos y comunicar nuestra realidad irreal.

Lyra
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