martes, 23 de agosto de 2011

Ella



Ella tenía, comprada por el miedo, su parcela de poder en aquel lugar. Se codeaba con otros propietarios engreídos para los que una propiedad subía escalones que posicionaban por encima de los demás.

Habían comprado las palabras y en la puerta estaba la máquina de la censura. Los halagos se filtraban como el agua, empapándolo todo, el resto se dirigía a los contenedores de mierda. No se daban cuenta que el color negro del alma no se lava con palabras, el hollín siempre delata por sus manchas en la piel.

La ortografía era la pesadilla que adornaba sus noches, bes y uves tiraban de sus párpados, les arrancaban las pestañas. En los retruécanos se perdían sus vidas, llegando a morir con el orden cambiado.

Sakkarah

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