domingo, 21 de agosto de 2011

Ha caído...



Ha caído el candelabro antes de que ellos alzaran sus alas, no aprendieron a volar en su momento. Ni siquiera se adaptaron al mar para evitar que el polvo de la tierra se apoderara de sus vestidos. No, ellos no se sintieron hermanos cuando resonaban los cascos de los caballos y se abalanzaban sobre ellos. Ellos destilaron el odio en sus miradas.

La agresividad se sirvió en el rapto de las mujeres, la fuerte emoción se sentía en la mirada de los niños que temían su abandono. Eran los pasos previos al odio, las primeras sensaciones de un futuro guerrero. Fueron más fuertes las heridas psicológicas, la visión del conjunto alborotado y del arrastre de los cuerpos, era más fuerte que el dolor de los lanzazos. Había una necesidad vital de acabar con un rival que no rivalizaba.

Ninguno volvió a ansiar la vida, pues muchos emprendieron el camino de la autodestrucción. Nunca superaron lo sufrido, no aceptaron la realidad espinosa y desagradable de nuestro género. Terminó siendo un problema sentir que eran humanos.

Sakkarah

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