viernes, 2 de septiembre de 2011

LLueve

Hoy llueve sobre el fuego,

apareció la mentira

reclamando su mirada,

y miró.



Todo resbala por mis manos.

La verdad lleva aceite

que se adhiere a la piel.



Sólo queda la queja en la palabra.

Hay un resto perdido para los elegidos.



El agua se va llevando todo,

y esta tristeza

se agarra como una lapa al alma.



No quiero una eternidad,

ni lunas para alumbrar mis noches



Hay lágrimas de nácar

en el altar del embuste.



Una estrella

alumbra mis labios secos, sellados,

donde murieron los besos.

 
Sakkarah

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