viernes, 21 de octubre de 2011

La única explicación



La única explicación para el universo, para la vida, eran las matemáticas. Éramos infinitos junto al universo del que formábamos parte y sólo el círculo lo hacia posible.

No podíamos ser únicos, porque entonces no se explicarían nuestras contradicciones, había un espejo que enfrentaba los mundos haciendo siempre otro igual. Yo tenía una igual en el universo reflejado y la longitud de onda podía hacer variar nuestro pensamiento hasta la contradicción.

Pero siempre me preguntaba por la muerte, por el paso. ¿Para qué morir? ¿Moriríamos las dos? Entonces me di cuenta que el túnel de la muerte nos daba paso al mundo siguiente entrelazado en el círculo. La vida era movimiento e íbamos rotando. Nunca nos encontraríamos las dos, pero siempre estaríamos conectadas como todo el universo lo estaba, aunque aún más estrechamente.

Cada mundo era mejor, nunca dábamos el salto hacia atrás. Existían dos mundos que eran vergeles para la eternidad. Allí se cumplimentaba cada sueño, paso a paso como los había organizado nuestra mente. Todo era diferente, nada era igual, miles de sueños se cruzaban entre sí, formando un mundo de extrema belleza.

Entonces sonreí, cuando supe que las dos llegaríamos y que nunca estaría sola.

Sakkarah
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