viernes, 11 de noviembre de 2011

¿Obra de quién?



¿Obra de quién? Si nadie se hace responsable. Y hoy en mi, solo yo, con la seguridad que no hay más base que mi fuerza y mi coraje.

El silencio relata al oído mi verdad. Es el árbitro que señala mis faltas. Y una dulce voz, me dice: estoy.

El ulular del viento pregona en clave los secretos que con ternura hoy despido. El ruiseñor tiene un canto lejano y hacia allí van mis pasos lentos, tímidos, pero ya seguros.

Me pierdo en el negro intenso de una noche y como siempre el adiós cambia el rumbo de la vida.

Sakkarah
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