lunes, 5 de marzo de 2012

El recinto azul


Me adentro en el recinto azul, en donde nada entiendo, donde actualizo la tristeza. Hace tiempo que allí se me cerró una puerta. Miro los retratos hasta llegar a uno que me inquieta. Allí esta mi ciudad, allí está presente su amor.

No estoy en el círculo, no formo parte de los motivos y razones. Ni siquiera soy la tangente, no tengo peso ni validez en su mente. Nunca formaré parte de esta habitación azul de la que nunca sé cuándo cerrará sus puertas. Tan solo soy un polizón que se pierde en sus pensamientos como simple observadora.

No tengo espacio en sus dudas y preguntas, no existo. Los días caen de entre sus dedos dando en mi sien como si fueran ladrillazos y yo no soy respuesta.

A un paso, no me ves y mi voz se apaga. Sé que tendré que salir para siempre de esta habitación azul. Retraso el momento por si se escapa una palabra que me haga seguir viviendo aquí. Una palabra que me haga pensar que, tenerte en mí, te vale la pena.

Aquel alguien que te cita a cada instante y que parece no reparar en tu partida, ha quedado en tu corazón. Ese corazón al que yo no tengo acceso. Un corazón cuadrado, como la mente que le pone llave. He gastado los días para encontrar la llave maestra, he gastado el pulso y las horquillas para violar esa cerradura. He gastado la vida en un error, porque nada hay que coger de donde está cerrado. Hay que saber leer en los detalles, y volver la cabeza para mirar con detenimiento lo que pasa muy cerca a nuestra espalda. Hay que saber dar la vuelta y no volver cuando una puerta está encajada. Hay que saber salir antes de que te desalojen.

Sakkarah
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