viernes, 7 de septiembre de 2012

Abría su puerta...


Abría su puerta leñosa para que yo entrara. Con sus brazos rama me tomaba por el hombro alentándome a pasar. Las flores se alineaban haciendo paso, y mis pies se posaban por su alfombra de raíces.

El musgo tapizaba sus paredes, de las que pendían candelabros de margaritas. Me resultó curioso, ver preparar a las abejas el postre, tan laboriosas.

El sol brillaba, esperando a la salida, y mi corazón latía descansado mientras, fuera, veía retozar las cabras que me traerían el desayuno. Ligero era mi peso con mi mente desinhibida, alejada del ruido, el alma se eleva a la copa; y entre amarillos y verdes se bebe el cielo.

El río suena invitándome al baño, feliz me siento en este hogar aislado donde en soledad floto. Un suspiro se escapó en el aire, y en los raíles serpentea camino de la ciudad. No hay billete de vuelta. Saco el pañuelo de las ausencias, para ondearlo diciéndole adiós.

Sakkarah

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