jueves, 31 de enero de 2013

Pienso...



Pienso en la felicidad, en el sentido de la vida y leo textos que me ayudan a continuar creyendo que la vida merece la pena y que lo importante no es la búsqueda de felicidad sino la búsqueda de sentido, de motivos, en donde alcanzar el placer no sea el objetivo, sino que el alcanzarlo sólo sea una consecuencia. Precisamente lo que debemos hallar son los motivos que nos impulsen a sentirnos vivos. Pienso en la personas que pierden toda la ilusión de vivir y las comprendo; pero no deja de sorprenderme la complejidad de los sentimientos y del funcionamiento del corazón y del alma, de como por instantes podemos contener en nuestro interior un infinito inacabable, respirar con los mismos pulmones de Dios, y de como por momentos sólo somos capaces de identificarnos con el mayor de los vacíos, tal como si un agujero negro tratara de tragarte.

Es importante tomar distancia para no perder el norte. Todo en esta vida me lleva a aprender que debo tomar las riendas de mi vida.

Lyra

miércoles, 30 de enero de 2013

...

Autor fotografía: Ed Feingersh

sábado, 26 de enero de 2013

Ahí están...

Ahí están guardando fila y preparadas para salir. Si tardas, se amontonan impacientes, se empujan, se pelean y, al abrir la boca te salé alguna de manera atropellada haciéndote quedar como un tartaja.

Traviesas, se enredan, se cambian en mitad de tu oratoria, y juegan a hacer de ti una gangosa.

Llegan a creer que forman una orquesta, se elevan, se adelgazan y, pillándote desprevenida, se disfrazan en forma de gallo al salir de tu garganta.

Es conveniente plasmarlas en un papel, si no, vuelan acompañando al aire para hacerte quedar mal en los tratos.

Entre las rejas dentadas se escapan y te encuentras insultando a un compañero.

No les gusta dormir, se sienten roncas, oscuras hasta hacer creer que tú bebes cazalla.

En otros momentos se engolan, se retuercen hasta el punto de hacer de ti un pedante.

Díscolas, libertinas palabras, poderosas, hirientes y dulces, sosas. ¡Palabras!


Sakkarah

jueves, 24 de enero de 2013

El principito...

El Principito se encontró con el zorro y quiso jugar con él. "—No puedo jugar contigo —dijo el zorro—. No estoy domesticado."
El Principito le preguntó qué era eso de estar domesticado. "
—Es una cosa demasiado olvidada —dijo el zorro—. S...ignifica 'crear lazos'." "—¿Crear lazos?" "—Sí —dijo el zorro—. Para mí no eres todavía más que un muchachito semejante a cien mil muchachitos. Y no te necesito. Y tú tampoco me necesitas. No soy para ti más que un zorro semejante a cien mil zorros. Pero si me domesticas, tendremos necesidad el uno del otro. Serás para mí único en el mundo. Seré para ti único en el mundo..."
Esta es la lección del zorro. Conviene revisarla, meditarla. Ser amigos es crear lazos. Lazo es lo que nos une. Lazo es una dependencia entre nosotros. A través de la convivencia uno se domestica, se hace cercano al otro, y de ese modo el otro se le vuelve necesario. Si no, el otro es uno entre millones. Para que sea algo relativo a mí, tiene que ser distinto, pero enlazado conmigo, y a través de ese lazo. Al casamiento, la sabiduría del lenguaje lo llama "enlace".
Escuchen al zorro:
"—Mi vida es monótona. Cazo gallinas, los hombres me cazan. Todas las gallinas se parecen y todos los hombres se parecen. Me aburro, pues, un poco. Pero si me domesticas, mi vida se llenará de sol.
Conoceré un ruido de pasos que será diferente de todos los otros. Los otros pasos me hacen esconder bajo la tierra. El tuyo me llamará fuera de la madriguera, como una música."
Ser amigos es tener algo en común. Eso en común no es, imaginemos, tener los mismos gustos, amar la misma música, gustar de idénticos manjares. Eso es mera coincidencia.
Común es lo que construimos juntos, en nuestros lazos, en el mundo que no es ni mío ni tuyo sino de los dos. Eso me liga a ti, ese hacernos entre nosotros. Crecer juntos. Entonces uno no hace lo que mejor le parece, sino que limita ese egoísmo de "tengo ganas" y lo cambia por "lo mejor para ti y para mí, para nosotros". Límites, limitarse dentro de los lazos y domesticarse unos con otros, si es que queremos querernos, claro está.
Claro que, sigue explicando el zorro, para domesticar, que es convivir, para conocer, es decir, hacer algo en conjunto, para ello se necesita tiempo. "
—Sólo se conocen las cosas que se domestican —dijo el zorro—. Los hombres ya no tienen tiempo de conocer nada.
Compran cosas hechas a los mercaderes. Pero como no existen mercaderes de amigos, los hombres ya no tienen amigos. Si quieres un amigo, ¡domestícame!
" El Principito está ansioso por tener un amigo, por domesticar, domesticarse. Le pregunta al zorro cómo se hace.
El zorro le enseña:
"—Hay que ser muy paciente —respondió el zorro—. Te sentarás al principio un poco lejos de mí, así, en la hierba. Te miraré de reojo y no dirás nada. La palabra es fuente de malentendidos. Pero, cada día, podrás sentarte un poco más cerca..." No es hablando que se hacen amigos. Atiendan a la filosofía de la lengua: Se HACEN amigos...
No basta con sentir que me eres simpático. Debo hacerte, hacerme, debemos hacernos amigos. Es un trabajo, es un mundo que a medida que lo construimos lo compartimos, y eso nos comunica.
Es conviviendo. De lejos, y un poquito, cada vez más, de cerca.
Mirándose. Haciéndose próximo el uno del otro para trazarse un lazo, una relación, una recíproca dependencia.
Elegir una novia, elegir un amigo, elegir tener hijos, es elegir un lazo, una dependencia.
El sentimiento es libre. El enamoramiento es libre. Nadie puede dictarte qué emoción ha de cursar tu pecho. Pero cuando lo pones en acción, cuando decides a partir de ahí establecer una relación, eliges el lazo, el límite, la dependencia. Inviertes en ello tu libertad.
La libertad es para elegir, para invertirla en lazos.
Amor es disciplina
Sentir no requiere disciplina. Es un estallido.
—¡Me gusta!
—¡Me enloquece! Siento un calor en el cuello, en el cuerpo...
Espontaneidad. Una flor que se abre y te llena de su color, de su olor.
Luego, si quieres conservarla, si deseas hacer del sentimiento una propuesta de con-vivencia... aparece la disciplina.
El zorro propone la disciplina, que como la palabra discípulo, de la misma raíz, indica aprendizaje con otro.
Vivir es aprender a vivir... contigo. Requiere, por lo tanto, de disciplina.
El zorro le dice al Principito que, si ha de visitarlo...
"—Hubiese sido mejor venir a la misma hora —dijo el zorro—. Si vienes, por ejemplo, a las cuatro de la tarde, comenzaré a ser feliz desde las tres... Pero si vienes a cualquier hora, nunca sabré a qué hora preparar mi corazón... Los ritos son necesarios."
La hora, el modo, el cómo, el cuándo. Estos son ritos. Sin ritos no hay lazos. —Quizá no lo sepas, hijo mío, pero cuando beses a tu novia, cumplirás un rito. Algo que uno espera del otro.
Cómo hacer para que una rosa sea tu rosa
El Principito tiene una rosa en la mano.
Ahora se da cuenta de que esa rosa, que era como todas las rosas, no es como todas las rosas.
Porque esa rosa se acomodó a su mano, y su mano a esa rosa, y así es como se pertenecen recíprocamente. Se domesticó, se domesticaron el uno al otro.
Luego el zorro se despide y expresa:
"—Adiós. He aquí mi secreto. Es muy simple: no se ve bien sino con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos.
" ¿Y qué es lo esencial? "
—El tiempo que perdiste por tu rosa hace que tu rosa sea tan importante.
" La lección concluye con esta cima de la reflexión:
"Los hombres han olvidado esta verdad —dijo el zorro—. Pero tú no debes olvidarla. Eres responsable para siempre de lo que has domesticado. Eres responsable de tu rosa...
" Una relación es un lazo, es una dependencia. Un amor es una responsabilidad.
Y lo que crece entre nosotros, de ese modo, no es visible a los ojos; solamente el corazón lo percibe. Te amo porque eres tú, ese tú que se modeló en el nosotros, como este yo.
No es, el amor, ese chorro caliente de sentimiento que brota del alma.
En todo caso esa efusión mística y cósmica del amor está dentro del lazo, expresada por él, manifestada en la conducta de responsabilidad recíproca por el hacernos recíprocos.
No eres mi hijo porque yo te haya procreado. Eres mi hijo porque luego de haber nacido te fui haciendo, me fuiste haciendo, nos hicimos en la relación padre-hijo, hijo-padre, nos en-lazamos. Buber decía: "Cuando se sabe por qué se ama, es que ya no se ama".
El corazón no sabe; siente, vibra, porque está implicado en el corazón del otro a través de la vida con-vivida.
—La libertad, hijo mío, madura y produce el fruto de una elección. Elegir es responder por lo elegido. Cuando libertad, elección, responsabilidad coinciden, se da eso que los poetas llaman felicidad.
El camino demarcado orienta tu libertad, no la doblega
La ruta delineada,
demarcada, es un orden. El lazo, la relación, la más profunda, es un ordenamiento recíproco. Te espero, me llamas, nos encontramos. Nos vamos armando en nuestras propias e íntimas y privadas rutinas, es decir códigos rituales, para poder expresar justamente eso que es invisible a los ojos.
De la misma manera, la ruta no ha de ser ruta a menos que esté demarcada con rayas visibles a los costados, con señales, con carteles indicadores.
Todo ello te orienta, no te fuerza. Da lugar a la libertad. Luego eliges el objetivo, el camino dentro de la ruta, la velocidad, la música, el silencio.
Ni sabes qué elegirás, con precisión. Tienes una idea, una vaga idea, pero no puedes prever las ocurrencias, eso que le sale a uno al encuentro y lo desvía de la idea primigenia.
Es la aventura.
Esta es la realidad: aventura y orden, orden y aventura, que decía el poeta Apollinaire. La aventura es lo creativo, lo impredecible, pero el orden la sostiene. La aventura es un cuadro de Dalí. No obstante, el genio tenía un orden, una disciplina, límites y reglas para pintar, y para desplegar, sobre ese sustento, su fantasía onírica y surrealista.
Sistema, poeta, sistema
Querer es una aventura, es tener miedo de perder, de ser perdido.
La aventura sucede aquí entre nosotros, en los pasos más cotidianos. No hay que ir a la selva ni internarse en territorios desconocidos.
¿Para qué? ¿Conoces algo más desconocido que yo, que yo y tú, que tú, yo, nuestros hijos? ¿Conoces una aventura mayor que un encuentro, aun con gente conocida, y en el cual, aparentemente, nada nuevo ha de suceder?
El orden es el de las normas, las fronteras, los límites; el orden es el sistema de las ideas y de las creencias en que una sociedad crece y sobre las cuales opera en cuanto a los fines de la existencia.
Ortega, no me canso de citarlo, enseñaba que no hay tela genial que no esté enmarcada. El marco no vale nada, pero sin él la tela no puede ser exhibida, disfrutada.
—Los límites, hijo mío, las normas de conducta, no son lo esencial, pero son aquello intrascendente, como el marco, que permite que lo esencial, tu creatividad, pueda patentizarse.
El orden es el modo, estilo, manera, costumbres, que manejaremos para concordar nuestro deseado encuentro —ir al cine, por ejemplo— y para conducirnos durante el encuentro. Luego, todo lo que suceda en el encuentro es aventura, espontaneidad pura. Aventura, gracias al orden.
Orden es a tal hora hay recreos en el colegio. Aventura, lo que suceda entre los niños durante el recreo.
Hay orden en la ciencia, hay orden en la religión, hay orden de composición y de combinación de colores, tonalidades, sombras, líneas en el mundo de las artes plásticas, hay orden en el aprendizaje de las teclas del piano.
Sobre ese orden se construye la aventura que es la creatividad, la fluencia de las potencias disidentes que hay en cada cual.
Frente al orden clásico compuso Schoenberg un nuevo orden, la revolución de su sistema dodecafónico. Sobre el orden clásico, produjeron los cubistas la revolución de sus delirios hermosos.
Pero hay algo que sigue conectando, a pesar de todas las rupturas con el pasado, a Dalí con Leonardo, a Leonardo con el Giotto, al Giotto con los que decoraron las cuevas de Altamira.
Eso permite justamente la continuidad y que se pueda hablar de arte como de algo transpersonal que incluye a todas las personas, géneros, subversiones y que, sin embargo, está más allá de ellas, porque todas ellas, aun en su mayor subversión y rebeldía, están sujetas a ese orden y lo usan, si lo usan, para lograr sus objetivos iconoclastas.
—Esos son los límites, hijo mío. En tu vida privada, en tus relaciones humanas, en el estudio, en el trabajo, en la calle, en tu casa, en el extranjero, con tu novia, con el hombre que viaja a tu lado en el colectivo.
Y ese orden termina siendo siempre orden moral, es decir constitución de unas costumbres (mores en latín significa costumbres, y de ahí el término "moral adoptadas por un grupo social, por un sector de la humanidad, en este caso nosotros, los de Occidente, y que refleja nuestras creencias, nuestros valores. Incluso, cabe recordar, algo tan libre como la poesía necesita de un orden, de un sistema, como decía León Felipe:
"Sistema, poeta, sistema. Empieza por contar las piedras, luego contarás las estrellas."

(Antoine de Saint-Exupery)

lunes, 21 de enero de 2013

jueves, 17 de enero de 2013

Lobo

Ahí está en su cubículo metido, un tanto impaciente en su personalidad arrolladora. No puede verme, pero juega a imaginarme. Es fácil conocer por donde atacarme, y a ello juega con sus zarpazos cortos y cariñosos.

En nuestra soledad buscada nos relacionamos. A él le reafirma en su monte, a mi me mata. Soy como la oveja perdida en su espacio, donde es rey, y no hay pastor que se atreva a acercarse. Nadie conoce la nobleza del lobo.

Nunca daña a las caperucitas que ven sus fauces. Se acerca y se aísla ante el peligro. Educado, pide permiso para comerse una oveja, no traiciona ni miente, no lo necesita. En sus manjares está lo mejor de cada rebaño.

Una caperucita cansada ante un lobo de vuelta. Un escenario absurdo en un mundo de feroz lealtad.


Sakkarah


miércoles, 16 de enero de 2013

Una cosa...

Una cosa podría estar bien en este momento y podría ser un error al momento próximo. No intentes ser consistente; de otra forma, estarás muerto. (...) Intenta estar vivo con todas sus inconsistencias.

Osho

lunes, 14 de enero de 2013

viernes, 11 de enero de 2013

No...

No, para que nos vamos a engañar, no tienen poder, ni inteligencia suficiente para discernir bien.

No teme a las burlas quien las ha sabido superar estoicamente en largo tiempo.

Hay personas con una mente tan cuadriculada, que creen que el que no piensa como ellos, o hace mal, o tiene miedo.

No conozco el miedo en el enfrentamiento con las personas que no sea físico. Sin embargo, la violencia física me da pánico. Pero soy persona valiente para los sentimientos y para enfrentarme con los problemas de cara, sin soslayar.

Se da la circustancia... que yo soy yo, y no me quiero parecer a esas personas que lo saben todo y son tan inteligentes, que no respetan las decisiones ajenas. Nunca seré como quiera otro que sea, soy como soy, a pesar de los ardores de estómago que les produce a algunos.


Sakkarah

martes, 8 de enero de 2013

Mira

MIRA en tu jardín
las rosas entreabiertas,
y nunca los pétalos caídos...

Desconocido

domingo, 6 de enero de 2013

viernes, 4 de enero de 2013

Se levantó...

Se levantó, aún medio dormida sintió sed. Nada más despertar, la mente arranca su maquinaria, un recuento de tristezas. Había sido un mal día, y le daba vueltas a los sucesos que no cuadraban en su mente lógica.

Inmersa en sus pensamientos, subía la escalera. Siempre estaba su perro en medio, como un miércoles. Le gustaba ocupar los espacios que eran de paso. En estos momentos reposaba en su rincón preferido, el último escalón. Ella, creyéndose más ágil, o menos dormida, decidió saltarlo, y todo empezó a dar vueltas, no se hizo con su cuerpo, y rodó. Cayó de mala manera, y recibió el mayor golpe en la cabeza. En ese momento pensó que quizá fuera el final; pero no. Su cabeza era más dura que el alcoyano.

Su cuerpo estaba lleno de rasponazos y contusiones, pensó en la facilidad con que todo puede cambiar en la vida. En un instante se puede parar, o complicar. Cuando menos se lo espera uno. Así son todos los sucesos, todos los cambios. Las cosas suelen venir de sorpresa, pero ella pensaba en las pocas veces que esos sobresaltos eran agradables.


Sakkarah

miércoles, 2 de enero de 2013

Proyecta...

Proyecta lo difícil, partiendo de donde aún es fácil.
Realiza lo grande partiendo de donde aún es pequeño.
Todo lo difícil comienza siempre fácil.
Todo lo grande comienza siempre pequeño.

Lao Tsé
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