viernes, 4 de enero de 2013

Se levantó...

Se levantó, aún medio dormida sintió sed. Nada más despertar, la mente arranca su maquinaria, un recuento de tristezas. Había sido un mal día, y le daba vueltas a los sucesos que no cuadraban en su mente lógica.

Inmersa en sus pensamientos, subía la escalera. Siempre estaba su perro en medio, como un miércoles. Le gustaba ocupar los espacios que eran de paso. En estos momentos reposaba en su rincón preferido, el último escalón. Ella, creyéndose más ágil, o menos dormida, decidió saltarlo, y todo empezó a dar vueltas, no se hizo con su cuerpo, y rodó. Cayó de mala manera, y recibió el mayor golpe en la cabeza. En ese momento pensó que quizá fuera el final; pero no. Su cabeza era más dura que el alcoyano.

Su cuerpo estaba lleno de rasponazos y contusiones, pensó en la facilidad con que todo puede cambiar en la vida. En un instante se puede parar, o complicar. Cuando menos se lo espera uno. Así son todos los sucesos, todos los cambios. Las cosas suelen venir de sorpresa, pero ella pensaba en las pocas veces que esos sobresaltos eran agradables.


Sakkarah
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