lunes, 25 de febrero de 2013

El caballero y yo III

Necesitaba aprenderte,  necesitaba de un tiempo, pero hubo tanto revoloteando alrededor, que aprendí a sufrir. Eres mi única dirección y nunca daré la vuelta, aprenderé el silencio y haré amistad con la soledad.

No se van los miedos, nadie sabe disiparlos, nadie intenta escuchar la corriente de mi alma. Hay que saber vivir la vida, y se aprende viviendo y con el corazón abierto, o no se aprende. Cuando el dolor contrae el corazón, no se avanza.

Sí, la aceptación suaviza, hay que amansar el corazón rebelde, y el mío es un caballo desbocado de difícil dirección.

No, no es fácil domar a un corazón acostumbrado a hacer lo que le place, se requiere tiempo, y pasa tan despacio… que no alcanza a la vida que se escapa.

Necesito encontrar el poder misterioso e invisible que mueve las cosas.

Sakkarah

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