miércoles, 13 de marzo de 2013

...



Sabed, pues,
Mi dama y señora mía
Que en cuestión
De palabras
Sabia decisión
habéis tomado,

que quien mucho habla,

poco escucha

y no atiende

a razones ajenas,

permaneciendo las suyas

como únicas verdaderas...

y eso no es de valer.

Mas, sabed, mi bella dama,

que vuestro hablar

es sublime placer

a mis oidos.

Que si yo soy

canto de río,

vos, amor mío,

sois torrente

y sois cascada

que al amparo de la mar

vais a parar,

convirtiendo en bella

canción y armonía
el murmullo de las olas

que a la orilla 

van a descansar.

Sabed, amada mía,

que para mí, vos,

solo en contemplar

vuestro rostro,

el brillo de vuestros ojos,

es suficiente

para conocer

vuestro verdadero yo.

Pues sois alma transparente,

corazón noble y bello,

que brota, de vuestro interior

al exterior,
a través de vuestra mirada,

de vuestro hablar corporal,

de vuestra belleza interior

a través, sí,

de vuestro brillo

en el mirar.

¿Escucharos, yo?, no.

Oíros, en todo caso,

vuestro bello canto.


¿Escucharme a mí, vos?

Solo saldrían de mis labios,

palabras de amor

que, hacia vos,

dirigiría mi corazón.


Y dando por concluida

esta epístola creativa,

a inspiración 

de vuestro post,

este caballero 

se despide de vos

no sin antes 

rendir mi persona

a vuesa merced,

dejando a sus cuidados

mi humilde corazón

que por vos suspira

enamorado.

EL CABALLERO


Autor: Guillermo Eltravieso

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