miércoles, 6 de marzo de 2013

El caballero y yo XI



Caballero, no me habéis conocido en todo mi potencial, las circunstancias hacen que oculte mi verdadero yo, que aflore algo totalmente diferente; pero es lo que hay y no me puedo lamentar por la imagen  que a vos os di.

Quizá en mi afán de agradaros, oculté aspectos de mi personalidad, que me hubieran dado otra imagen. Y otras, por temor a las circunstancias, salieron mis miedos como demonios airados. Sé que ni tengo que demostraros nada, ni tengo que temer a nada. Lo que ha de estar conmigo estará o se irá, pero siempre libre.

Pero de todo he aprendido, hasta de mis miedos, y sé que seguiré aprendiendo. No me puedo compadecer de mi misma, de mis fallos, pues sería tiempo que perdería de mejorar.

Voy a dejar que me conozcáis, aunque ello requerirá un tiempo.

Ambiciono vuestro corazón, pero la ambición no es buena, no es una virtud como creen algunos. Ella quita felicidad, el deseo trae desengaño, no siempre se alcanza todo.

Aprenderé a aceptar lo que venga siempre y cuando lo que acepte me haga feliz. No pido nada más, pero tampoco nada menos

Sakkarah

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