domingo, 10 de marzo de 2013

El caballero y yo XIV


Caballero, le he dado poder a mis miedos, y estos se han vuelto gigantes que han cobrado vida. Han tomado tanta fuerza, que me han desplazado. No puedo luchar contra gigantes, pero a partir de ahora, seré valiente en la vida con la lección aprendida. Nada volverá a desplazarme de un lugar que haya sido mío.

Hoy me retiro para coger coraje para luchar por lo que quiero, o para preparar mi corazón para alejarme para siempre, si es que vos lo deseáis. Es la vida la que decidirá curar o abrir aún más mis heridas. Hay tiempos en los que tenemos que  dejar que sea ella la que nos acerque las cosas, y ese tiempo ha llegado para mí. Ya vendrán otros soles que me den energía para la lucha, o energía para no estropear mi suerte.

Creo que los miedos hunden, creo que los pozos son profundos. No sé si se puede salir.

Sakkarah

4 comentarios:

  1. Al miedo no se le puede dar cancha. Hay que plantarle cara y desterrarlo.

    Besos

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  2. Sí, Trini, llevas razón...

    Eso haré, sin duda.

    Besos

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  3. No me hable así,
    mi Dama Bella,
    que mi corazón congela
    por el desvelo
    de mi amor por vos.

    ¿Gigantes males le acechan?
    Pues si a diestra
    o siniestra se encontraren
    de vuestra persona,
    o si adelante o a espalda
    aparecieran yo,
    en vuestra defensa
    fuera a salvarla
    de esas viles apariciones
    que tanto mal
    le provocan.

    No me hable así,
    mi amor de mis amores,
    pues verla sufrir,
    hace que mi alma
    se achique
    y se pierda entre
    luceros del cielo,
    mas, por vuestro bien,
    sabéis de sobra
    que a cien dragones
    me enfrentaría
    en buena o mala lid,
    sin cobardía
    ni medrar en el empeño
    que por vos yo pondría.
    Y dad por seguro
    que, en tal contienda,
    yo ganaría
    y las cien cabezas cortadas,
    a vuestros pies ofrecería.

    No os hundáis,
    mi flor de primavera.
    Aferraos a mi mano,
    que yo os ofrezco
    la fuerza de mi brazo
    para sacaros
    de lo profundo del pozo
    en el que podáis caer.

    Por favor,
    mi dama, mi ángel,
    mi amor... mi todo,
    asiros, a mí, fuertemente,
    sin remilgos ni miedos
    que puedan mermar
    vuestras fuerzas,
    y confiad en las mías.
    Confiad en mi osadía
    para, con vos,
    salir de esta contienda
    entre los fantasmas
    que la acechan.

    Quedo con vos
    a sus pies,
    mi dama y señora.

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  4. Me gusta un caballero tan considerado al que no le gusta verme sufrir. Un caballero defensor de su dama :)

    Muy buenas todas, Guillermo.

    Un beso, y gracias :)

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