miércoles, 25 de junio de 2014

Cuando uno está mal


¿Cómo hacer para recuperar el equilibrio perdido y restaurar el ánimo? Encontrando de nuevo la máquina de hacer pájaros. ¿Qué quiere decir esto? Significa volver a ilusionarse con las pequeñas cosas por importantes o ridículas que sean. El corazón es como un tambor al que sometemos a diferentes ritmos de tiempo. Un tiempo para la familia, otro para el trabajo, otro para los amigos y otro para uno mismo. Este último tiempo es el más importante cuando la enfermedad llega a nuestras vidas. Yo, que suelo sobredimensionar los problemas, las emociones me pueden y a menudo suelo hacer el indio, enfermo más de una vez a lo largo del año, y no veas lo que me cabrea, pero me sirve como señal de alerta de que algo en mi interior no está funcionando como debería.

Hace tiempo leí un libro que hablaba de la enfermedad como camino, y en cierta forma es así. La enfermedad es una pérdida de energía y una aliada a la vez que nos alerta. Por eso, no es baladí decir que es absurdo emprender una lucha a muerte con ella, sino de lo que se trata es de comprenderla, sin recrearse en ella, pero aceptandola, escuchando en nuestro interior el mensaje que nos quiere transmitir. El cuerpo habla y se expresa y ésta es su manera de hacer que conectemos con él.

Enferma el cuerpo, pero antes ha enfermado el alma. Y ese el tambor que hay que volver a tocar con cariño y con ternura, con amor y comprensión sin juzgarnos por la imperfeción de lo que somos. La naturaleza lo tiene más fácil que nosotros, bien es verdad, porque no está contaminada por los pensamientos. Y ella misma fabrica los ingredientes que le han de servir para su supervivencia. Nosotros formamos parte de ella y en esencia no somos tan diferentes. Es un buen modelo a seguir. Ella destruye para después volver a construir, crea su armonía a partir de su dualidad.

Bueno, me dirás, pero eso no me alivia el malestar, el dolor de cabeza, ni de piernas. Correcto, pero aporta comprensión y recuerda el potencial autocurativo que tienen todos los seres vivos. Las personas a diferencia de los animales y otras especies del planeta contamos con un grado de libertad mucho mayor que el resto. Y aunque vivimos de espaldas al mundo natural sabemos ya bastantes cosas sobre el funcionamiento del cuerpo y del alma, pero enfocamos poco esa libertad en conocer la esencia de lo que somos. Y de eso nos habla la enfermedad, de un infinito que hay que recorrer y de un futuro que hemos de labrar.

Lo que sí sé es que el mismo miedo a lo desconocido nos limita a tal grado que somos incapaces de contemplar la maravilla que tenemos ante nuestros ojos. Y la capacidad que tenemos para jugar con ese poder destructor y creador es infinita, lo mismo que la libertad de ser. Lo que nos mata a grandes dosis, a pequeñas nos cura. No se trata de una fe absurda, ni de creer en ningún tipo de religión que nos salve, ni de echar mano de una retahíla de dioses inventados para aliviar nuestra finitud en este espacio -tiempo, se trata de conectar con nuestro interior, en él se halla la clave de la enfermedad que es el tema que nos ocupa.

La enfermedad es la falta de luz, la oscuridad que no nos permite ver más allá, la infinitud recordándonos nuestra finitud. La enfermedad es el descanso del guerrero que necesita recomponer todas las armas que conoce y usa para ser más feliz, para volver a llenarse de la chispa que le conduzca de nuevo al campo de batalla. Eso es la enfermedad. Y no es eterna, aunque sí cíclica. ¿Por qué íbamos a ser tan diferentes de lo natural? Deberíamos hacerle un monumento a la enfermedad, aunque entiendo que jode bastante.

El Amor es la fuente que todo lo cura, la disposición a creer en él, pero no sólo como algo nacido de las necesidades afectivas del hombre, sino como principio primero y último que resuena hasta el último confín del Universo. Jamás hemos estado solos. Dios está en el hombre y no hay hombre que no sea Dios. Me río de las religiones, tan perdidas como están a veces, y tan ciegas que no pueden ver. Escapar a lo que uno es, es de cobardes.

Palabra de hormiga.


Lyra
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