viernes, 11 de julio de 2014

Ahí...



Ahí, sentada frente a un mar sereno, azul. Mirando como la luz jugaba con sus aguas, e intentando adivinar la línea que le separaba del cielo. Su pensamiento se intentaba perder en el pasado, y todo se le presentaba a través de una fina gasa que no la dejaba ahondar en ello. Comenzó a perderse en sus profundidades de coral, adivinando el color de los peces irisados. Hierros deshechos cubiertos de orín encerraban los tesoros que ella encontraría. Eran barrotes que habían protegido esa inmensidad que se la presentaba.

En las ondulaciones del agua, la tristeza rompía en espumas, mientras se desintegraba. La arena se ofrecía como depósito de caracolas con sonidos misteriosos e inquietantes. Descalza, sus pies se entrelazaron a las aguas, en un caminar ligero y seguro, guiado por los rumores del mar.


Sakkarah
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