sábado, 26 de julio de 2014

Perdida



El águila acechaba, ella andaba despacio, pensaba. Los campos verdes invitaban a quedarse, tiraban del alma.

Leía una carta, y el sudor de las manos se hacía hielo, témpanos gigantes llenaban de rocío la hierba. No podía discutir con nadie, no se podía quejar, el silencio era poderoso.

Vio el ojo del águila, y se sintió prisionera de su mirada, temía sus garras. Se dio cuenta que estaba perdida en un gran monte, pero en realidad no le importaba, si no hubiera sido por esa mirada penetrante.

Decidió entregarse a la vida, se dejó caer… Pero el lince decidió esperar, la rondaría hasta confundir su mente; pero ella había anulado todo pensamiento, es como si se hubiera dejado morir antes de que llegará el final.


Sakkarah

6 comentarios:

  1. Un mal trago el de esta dama solitaria entre fieras al acecho.
    Bella prosa.

    Saludos.

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  2. Rendirse antes de empezar. Cuántas veces nos hemos perdido en los laberintos de la vida?? Siempre hay una salida, no la vemos al tiempo pero sí con el tiempo.
    Besos, Carmen.

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    Respuestas
    1. Imagino que sí, que la salida se termina presentando :)

      Muchos besos, preciosa

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  3. No se debe conformar con no encontrar la ruta de la vida debe defenderse porque la vida es muy bonita.

    Saludos

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    Respuestas
    1. Es cierto que la vida es muy bonita :)

      Muchos besos

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