viernes, 29 de agosto de 2014

Rizos de oro



Él tenia los rizos de oro, guapo, delgado… A Carla le pareció tan interesante…

La tomaba el pelo, coqueteaba con ella, como coqueteaban los niños en los tiempos de Matusalén. Ella cuando iba a dormir, repasaba sus palabras, sonreía… se sentía feliz.

Él no tenía bicicleta, y Carla, siempre la ofrecía. Que triste al acabar sus vacaciones…Los días dejaron de ser hermosos; pero planeo escaparse con una amiga. Tenía todo controlado, todas las mentiras que tenía que decir en casa, el dinero…

Por fin llegó el día de la fuga, fue emocionante verle jugar en el frontón, mereció la pena haber perdido parte del dinero, haberse asustado, haberlo tenido que conseguir…

Pobre amiga la suya, la descubrió su familia gracias a las cotillas del pueblo, tuvo un gran castigo. A Carla la creyeron, le salió todo bien.

Han pasado muchos años, y hoy se le acercó un hombre a saludarla en el Lecrerc.

- ¿Quién es?- le preguntó a su marido.

- Mi primo, aquel que fue tu novio

Los ojos se le abrieron como platos, había cambiado tanto, sin pelo… con unos cuantos kilos… Seguro que ella ya no era tampoco la misma. Que vida tan curiosa, todo queda atrás…


Sakkarah


Autor imagen: Antón Semenov

1 comentario:

  1. El tiempo es implacable ,y los ricitos de oro se convierten en melena rala, y la anatomía pierde su línea porque creció a lo ancho en vez de a lo alto, pero esos detalles se pasan por alto cuando se recuerda esa juventud.

    Saludos

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