domingo, 4 de marzo de 2018

...



Un montículo de barro improvisado, una sorpresa oculta entre el fango. Historia, miedo, camiones, texturas, se mezclaban en la tierra. Un misterio por resolver.

Alguien que no había regresado y el instinto mentía conservando la esperanza. Los árboles caían, la lluvia arreciaba amenazando diluvio.

Un puerco espín paseaba tranquilo, la ausencia de miedos acrecienta la calma. El hombre fumaba dejándose llevar, queriéndose entregar a cualquier peligro.

La nube soltó un trapecio, alguien debería tomar altura y balancearse sobre la vida. Sin red, con las bocas de los cerdos a la espera.

El tiempo se detuvo, los caracoles trepaban por las cuerdas en un intento de escapar. Y el hombre, ya cansado y agobiado por el sinsentido, decidió bajar y romper los acuerdos con la naturaleza. Cogió su maleta de piedras y empezó a caminar.

No necesitaba rumbo, no necesitaba esperar. Nada tenía valor, solo sus ojos daban forma a sus sueños, y sus ojos… los dirigía él.



Sakkarah

6 comentarios:

  1. Es un cuento precioso pese a su crudeza, mi querida Carmen... tus metáforas son una pura caricia.

    Mil besitos para tu domingo.

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  2. Muchas gracias, tus palabras siempre son bonitas para mi... :)

    Un beso grande, grande, guapa!

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  3. A mí me parece un hombre libre (no hay muchos).

    Besos.

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    Respuestas
    1. Sí, creo que es un hombre libre. :)

      Montón de besos.

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  4. Un bonito y curioso relato, me ha gustado mucho.Besicos

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