sábado, 30 de junio de 2018

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Hoy hay un escudo invisible, que se hace cancerbero de tu piel en la caricia. Mi mano cae laxa, derrotada.

No hay búhos que traigan suerte a la pasión que muere.

Ya no cae mi vestido acariciando mi cadera, se mantiene bien atado a mi cintura, en bosques de soledad me pierdo.

No se puede desfogar lo que no existe. Las sorpresas me abandonan, dejándome caer en la monotonía de lo cotidiano.

Me siento a discurrir sobre la simpleza de la nada, me abandono ya a la vida.


Sakkarah
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