jueves, 5 de julio de 2018

Quejas



Tendemos a pensar que cuando nos quejamos, lo que hacemos es aliviar la tensión que hemos acumulado: creemos que si compartimos con los demás (o con nuestro propio diálogo interno) nuestra frustración, esta desaparecerá. Sin embargo, de lo que no somos conscientes es que la queja es una discusión, una discusión con la situación que la provoca, que lo único que hace es revivirla una y otra vez mentalmente y que, lejos de llevarnos a una solución, nos distrae, paraliza y enferma.

Hay un cuento budista que ilustra muy bien esta idea:

Un día, paseaban dos monjes budistas por un bosque y encontraron a una muchacha que quería cruzar un arroyo, pero no sabía nadar. Entonces uno de ellos la cogió en brazos y la llevó a la otra orilla. Continuaron paseando durante tres horas. De repente, el otro monje se giró, levantó la mirada y exclamó: “Perdona que interrumpa este paseo meditativo, pero es que no puedo aguantar. Nosotros tenemos un voto de celibato y no se nos permite tener contacto con las personas del sexo opuesto. Sin embargo, tú has ayudado a esa chica a cruzar el río, quebrantándolo”. El compañero, con una actitud serena y apaciguadora, respondió: “Tienes razón, amigo. Pero he de decirte que yo la cogí durante diez minutos, mientras que tú llevas cargando con ella tres horas”.

La queja no sólo provoca sufrimiento en el presente, sino también parálisis de cara al futuro, pues nos coloca en un estado, desde el que la acción eficaz es prácticamente imposible. De hecho, solo cabe preguntar: ¿acaso alguna vez te has sentido mejor después de una queja? ¿Alguna vez has cambiado realmente las cosas?
Si lo que quieres es perpetuar, revivir e intensificar una situación desagradable, entonces quéjate de ella. Pero si lo que quieres es solucionar, aportar y acabar con el sufrimiento, entonces es momento de que te plantees la siguiente pregunta…

¿Puedo hacer algo Ahora?

Si la respuesta es “no”, entonces solo existe una forma de soltar la mochila: aceptando la situación. No significa “conformarse” con ella, dado que el conformismo sigue implicando dolor. La aceptación es mucho más que eso: aceptar algo significa dejar a un lado el “debería”, significa dejar de sufrir por algo sobre lo que no tienes ningún control y comenzar a enfocar tu energía en aquello que sí está en tu mano.



Autor: Úrsula Calvo Casas

5 comentarios:

  1. Precioso el cuento y que verdad pero es cierto que cuando lo comentas el cabreo o compartes parece que te descargas ..
    Un abrazo

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    1. Pero ya ves que en realidad es lo contrario...

      Muchas gracias, guapa, me alegra si te gustó.

      Un beso enorme.

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  2. Muy buen texto y reflexión ...
    Un beso grande

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  3. Me ha gustado mucho el cuento de los monjes. Es mejor aceptar los hechos que no nos agradan cuando no es posible hacer nada para solucionarlo pero una buena queja a tiempo puede resultar muy eficaz a nivel psicológico ya que te libera de una opresión que llevas dentro y esa queja la saca fuera.Besicos

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  4. Genial post. El resumen es muy estoico... o sea: o bien ante un problema te resignas, o bien le plantas cara, pero no te quejas en vano. Me gustó mucho.
    ¡Besos!

    PD: Lo que no entiendo muy bien es por qué el otro monje la lleva cargando durante tres horas si se supone que ya cruzaron el arroyo xD

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